martes, 24 de enero de 2012
¿Sabes? Hace no mucho tiempo, en una de estas noches que todos tenemos en las que no conseguimos dormirnos fácilmente, de esas en las que miras al techo tumbada en la cama sin pensar en nada en concreto y acabas reflexionando sobre todo y todos los que te rodean, estuve pensando en quiénes consideraba amigos.
Visto lo visto, últimamente con todo lo que ha pasado, me he dado cuenta de que creía tener al lado a gente que, con sus actos, me ha demostrado que nunca lo ha estado realmente.
También estuve pensando en este verano. Han pasado muchas cosas, he discutido, y empezó todo por lo que ahora he perdido a gente que esperaba tener siempre conmigo.
Y me di cuenta de que no ha sido precisamente un verano para recordar. Seguí pensando, y, entre toda esa mierda, tenía que haber algo bueno, ¿no?
¡Y tan bueno! En ese mismo momento me viniste a la cabeza, y mi boca esbozó una sonrisa. Caí en la cuenta de que la frase ‘’Cuando una puerta se cierra se abre otra más grande’’ es totalmente verídica. Pensé en todo lo que me ha ocurrido desde ese 18 de junio, tanto en lo bueno como en lo malo, en todo lo que había ocurrido desde esa primera charla de unos más o menos 50 privados que tuvimos, de cómo empezamos a hablar.
Seguramente esta amistad ahora existente entre nosotras es fruto de mi borrachera de aquel día, o de la tuya. La verdad es que eso es lo que menos me importa. No sé si creo o no en el destino, últimamente no tengo nada claro. No sé si lo que nos pasa a cada uno está escrito, o si lo decide uno mismo en el mismo instante con sus actos, lo que sí sé es que te cruzaste en mi camino, y supimos aprovecharlo. Sé que en el mismo momento en el que intercambiamos palabras, risas y un par de besos, me di cuenta de que merecías la pena. Se veía en tus ojos que eras sincera y muy amiga de tus amigos y, poco a poco, eso es algo que me fuiste demostrando al principio y que no has parado de demostrarme. Y eso me hizo tener una confianza enorme en ti, tú te ganaste todo esto.
Y es que, en efecto, has estado en todos y cada uno de mis días malos no permitiéndome esconder ni una sonrisa. Has hecho lo posible día a día por que me olvidase de lo malo y me quedase con lo bueno.
Cuando algo malo pasaba por mi cabeza ahí estabas tú, para sacarme una sonrisa probando de mil maneras diferentes, sin importarte el tiempo, el lugar o quién estuviese alrededor.
Y la verdad es que ya no sé de qué manera agradecerte todo esto. Sigo pensando que me quedo corta diciéndote que te mereces un mundo, que eres la mejor persona que alguien se puede encontrar, pero es cierto que no se me ocurren palabras que decirte a ti.
Y es que tú eres especial. Tienes una manera muy particular de hacer las cosas, y me encanta. No juzgas a nadie por lo que hace o deja de hacer, porque es su vida y piensas que tú no tienes por qué decir nada, valoras todas y cada una de las cosas que hacen por ti. Y eso es algo que muy poca gente hace. Como ya te he dicho, todos estos, aparentes, pequeños detalles hacen de ti esa gran persona que espero, nunca cambie.
Por último, he de decirte que, desde hace un tiempo, no tengo claro cuánto van a durar las cosas sean con quién sean, así que no puedo decírtelo. Lo que sí puedo asegurarte es que aprovecharé al máximo cada rato que pase contigo, que te haré sonreír siempre que pueda y que, cuando no, estaré ahí para darte un abrazo y secar tus lágrimas. Te puedo prometer que voy a estar aquí siempre que me necesites, y cuando no, también, porque te lo mereces todo y mucho más.
Te he echado mucho de menos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario